Fundamentación

Fundamentación

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A) ANTROPOLÓGICA:

El hombre es la cumbre de la obra de la creación

De todas las creaturas visibles sólo el hombre es capaz de reconocer y amar a su Creador.

Por ser creado a imagen de Dios el ser humano tiene la dignidad de persona. No es algo sino alguien.

Por haber sido hecho a imagen de Dios, participa de Él en el conocimiento, la libertad y la comunión con otras personas y con el mismo Dios (CIC 356 – 357).

El hombre no sólo es el único ser de la Tierra capaz de proyectos, él es un proyecto que se manifiesta en desarrollar las potencialidades de ser un espíritu encarnado creado para el Bien, la Verdad y la Belleza. Elige un proyecto de vida en conformidad de su propio ser, lo que lo hace artífice de su destino.

La imagen del hombre aparece también elevada más allá de su naturaleza, hijo de Dios, sellada por el Espíritu Santo, participe del cuerpo Inmaculado de Cristo, ungido Sacerdote, Profeta y Rey.

Es una unidad bio-psíquica-espiritual en interacción social compuesta por tres grandes dimensiones: la interioridad con la conciencia y la libertad, la encarnación con la corporeidad y la comunidad y la vocación con una misión y un compromiso de amor y santidad.

Dentro de la integralidad de la persona pero relacionada directamente con la corporeidad aparece la dimensión de la sexualidad, no como una realidad autónoma, una mera función biológica sino una complejo-dinámica de la persona total y de la comunidad misma.

Este aporte significa una comprensión global de la existencia, una interpretación y armonización de dos modos de existencia humana, Varón y Mujer.

 

B) EDUCACIÓN INTEGRAL DE LA SEXUALIDAD

Aunque parezcan sinónimos, sexo y sexualidad no son lo mismo.

El sexo hace referencia a los órganos genitales, es decir, cada persona nace con un determinado sexo, Varón y mujer y, salvo malformaciones, no hay otra opción. Es algo ya determinado por la naturaleza y está íntimamente relacionado con la procreación. Por  lo tanto está muy ligado con el instinto sexual, con el impulso sexual, que lleva a dos seres de distinto sexo a unirse para continuar la especie, tener hijos. El sexo está unido al placer sexual.

La sexualidad es mucho más amplia que el sexo porque abarca la totalidad de la persona y determina que un varón masculino y una forma femenina. Considerando al ser humano como una unidad Cuerpo y Alma, unidad donde se integran distintos aspectos, el cuerpo, la psiquis, la inteligencia, la voluntad y el espíritu. El hombre es un ser integrado, es decir, tiene que ver con los sentimientos, las emociones, la inteligencia, la espiritualidad.

El hombre y la mujer son diferentes porque no sólo físicamente son distintos sino también porque cada uno tiene una psicología diferente, sienten distintos, tienen diferentes formas de ver las cosas, de pensar y de relacionarse con Dios. Esto le permite crear y recrear su vida y logra ser feliz.

El ser humano posee lo que denominamos impulso sexual que es aquella fuerza que lo lleva siempre atraído por el otro sexo. Este impulso, al ser natural, es bueno, querido por Dios; no es pecaminoso ni algo malo que haya que suprimir. A diferencia del instinto animal, el hombre tiene tiene la posibilidad de controlarlo  a través de la voluntad (que es una fuerza interior que le permite al hombre actuar o no actuar según lo que diga su inteligencia) así, como el hombre es libre, elegirá lo que sea bueno y correcto y controlará los sus impulsos, esto le permitirá ser libre y a la vez responsable.

El instinto sexual en el ser humano debe ir acompañado del amor, sino queda a nivel animal, no alcanza el nivel superior que es de la persona. Por eso, toda expresión de amor, desde caricias, besos, hasta el acto sexual (relaciones sexuales) va más allá de simples sensaciones, va más allá de lo corporal, abarca a toda la persona porque incluye o debe incluir el amor.

Amor como entrega desinteresada en la que cada uno entrega lo mejor de sí para hacer  feliz al otro, haciéndose responsable del otro, de su felicidad, de su proceso de maduración y por lo tanto genera un compromiso especial con la otra persona.

La educación no es la lucha contra el instinto sexual sino su maduración e integración en las dimensiones totales y totalizantes de la persona (EyPX48).

El proyecto Educativo de la Escuela Católica

 

C) LA ESCUELA LUGAR DE HUMANIZACIÓN MEDIANTE LA ASIMILACIÓN DE LA CULTURA

Para comprender bien la misión específica de la Escuela Católica, conviene partir de una reflexión sobre el concepto de “escuela”, teniendo presente que si no es “escuela” y no reproduce los elementos característicos de ésta, tampoco puede aspirar a ser escuela “católica”.

Funciones de la escuela en general

La escuela es el lugar de formación integral mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura. Ésta supone que tal encuentro se realice en la escuela en forma de elaboración: es decir, confrontando e insertando los valores perennes en el contexto actual (EC Nº 26). La escuela es verdaderamente un lugar privilegiado de promoción integral mediante un encuentro vivo y vital con el patrimonio cultural.

Escuela y concepción de vida

La escuela confronte su propio programa formativo, sus contenidos y sus métodos, con la visión de la realidad en la que se inspira y de la que depende su ejercicio.

No se puede olvidar que en la escuela se enseña para educar, es decir, para formar al hombre desde dentro, para liberarlo de los condicionamientos que pudieran impedirle vivir plenamente como hombre. Por eso, la escuela debe partir de un proyecto educativo intencionalmente dirigido a la promoción  total de la persona.

Constituye una responsabilidad estricta de la escuela, en cuanta institución educativa, poner de relieve la dimensión ética y religiosa de la cultura, precisamente con el fin de activar el dinamismo espiritual del sujeto y ayudarle a alcanzar la libertad ética que presupone y perfecciona a la psicología. Pero no se da libertad ética sino en la confrontación con los valores absolutos de los cuales depende el sentido y el valor de la vida del hombre.

Carácter específico de la Escuela Católica

En el proyecto educativo de la Escuela Católica, Cristo es el fundamento: Él revela y promueve el sentido nuevo de la existencia y la transforma capacitando al hombre a vivir de manera divina, es decir, a pensar, querer y actuar según el Evangelio, haciendo de las bienaventuranzas la norma de su vida.

De este modo la Escuela Católica adquiere conciencia de su empeño por promover al hombre integral porque en Cristo, el hombre perfecto, todos los valores humanos encuentran plena realización y unidad. Este es el carácter específico católico de la escuela y aquí se funde su deber de cultivar los valores humanos respetando su legítima autonomía, y conservándose fiel a su propia misión de ponerse al servicio de todos los hombres, Jesucristo, pues, eleva y embellece al hombre, da valor  a su existencia y constituye el perfecto ejemplo de vida propuesto por la Escuela Católica a los jóvenes.

Consciente de que el hombre histórico es el que ha sido salvador por Cristo, la Escuela Católica tiende a formar al cristiano en las virtudes que lo configuran con Cristo, su modelo, y le permiten colaborar finalmente en la edificación del reino de Dios.

Las tareas se polarizan en la síntesis entre cultura y fe, fe y vida; tal síntesis se realiza mediante la integración de los diversos contenidos del saber humano, especificado en las varias disciplinas, a la luz del mensaje evangélico, y mediante el desarrollo de las virtudes que caracterizan al cristiano.

Síntesis entre fe y cultura

En este contexto se cultivan todas las disciplinas con el debido respeto al método particular de cada una. Presentan, pues, no sólo un saber que adquirir, sino también valores que asimilar y en particular verdades que descubrir.

La enseñanza puede formar el espíritu y el corazón del alumno y disponerlo a adherirse a Cristo de una manera personal y con toda la plenitud de una naturaleza humana enriquecida por la cultura.

Además, la escuela considera el saber humano como una verdad que que descubrir.

Cuando el maestro cristiano ayuda al alumno a captar, apreciar y asimilar tales valores, lo orienta progresivamente hacia las realidades eternas. Tal dinamismo hacia su fuente increada explica la importancia de la enseñanza para el crecimiento de la fe.

La síntesis entre cultura y fe se realiza gracias a la armonía de fe y vida en la persona de los educadores.

Síntesis entre fe y vida

La Escuela Católica se esfuerza por crear en el ámbito de la comunidad escolar un clima que ayude al alumno a vivir su fe de una manera cada día más madura, y a adquirir gradualmente una actitud pronta para asumir las responsabilidades de su bautismo.

Se impone la presencia de la escuela que, mediante una educación sistemática  y crítica, prepare a los jóvenes a un autocontrol que los capacite para hacer opciones libres y conscientes frente a los mensajes que le presentan los medios de comunicación social. Es necesario enseñarles a someter tales mensajes a un juicio crítico personal, a ordenarlos en buenas síntesis y a integrarlos en su cultura humana y cristiana.

Enseñanza religiosa

La Escuela Católica es consciente de la importancia que tiene la enseñanza de la doctrina evangélica tal como es transmitida por la Iglesia Católica.

Sin entrar en la problemática que plantea la enseñanza religiosa en las escuelas, es necesario subrayar que esta enseñanza debe ser impartida en la escuela de una manera explícita y sistemática, para evitar que se cree en el alumno un desequilibrio entre la cultura profana y la cultura religiosa.

La Escuela Católica, lugar de encuentro de la comunidad educativa cristiana.

Las Escuelas Católicas deben convertirse en “lugares de encuentro de aquellos que quieren testimoniar los valores cristianos en toda la educación”. Como toda otra escuela, y más que ninguna otra, la Escuela Católica debe constituirse  en comunidad que tienda a la transmisión devalores de vida.

La dimensión comunitaria de la Escuela Católica bien, pues, exigida no sólo por la naturaleza del hombre y la del proceso educativo, como ocurre en las demás escuelas, sino por la naturaleza misma de la fe. Consciente de sus limitaciones para responder a los compromisos que se derivan de su propio proyecto educativo, la Escuela Católica sabe que ella constituye una comunidad que debe alimentarse y confrontarse con las fuentes de las que se deriva la razón de su existencia la palabra salvífica de Cristo, tal como se expresa en la Sagrada Escritura, en la Tradición  sobre todo litúrgico  y sacramental, y en la existencia de aquellos que han vivido o la viven actualmente.

Es del contacto con Cristo, de donde la Escuela Católica “crea para la comunidad escolar una atmósfera animada de un espíritu evangélico de libertad y caridad” el la cual el alumno puede hacer la experiencia de su propia dignidad.

Participación de la comunidad cristiana en el proyecto educativo de la Escuela Católica

La Escuela Católica forma una comunidad auténtica y verdadera. De hecho en una comunidad semejante, el respeto al prójimo  es servicio a la persona de Dios, la colaboración  se realiza bajo el signo de la fraternidad; el compromiso político por el bien común es asumido con plena responsabilidad, como una misión para construcción del Reino de Dios.

La Escuela Católica como servicio eclesial y social

Sobre todo, la Escuela Católica está llamada a prestar un humilde y amoroso servicio a la Iglesia haciéndola presente en el campo educativo escolar en beneficio de la familia humana.

Así es como se desarrolla un “ auténtico apostolado”. Dedicarse, pues, a este apostolado significa cumplir con una tarea eclesial insustituible y urgente.

 

D) PEDAGÓGICA:

El pensamiento cristiano en la pedagogía se centra en la persona

Se podría describir el proceso educativo cristiano como un conjunto orgánico de factores orientados a promover una evaluación gradual de todas las facultades del alumno, para lograr su perfeccionamiento como persona.

En este contexto el proceso de enseñanza – aprendizaje se centra en la persona trascendente, perteneciente a una comunidad; que logra su desarrollo integral atendiendo a las distintas etapas evolutivas y permitiendo como fin último atendiendo a las distintas etapas evolutivas y permitiendo como fin último la autonomía  para la toma de decisiones en un marco axiológico.

Educación: Entendemos la educación como la tarea personal y comunitaria de llevar a cabo ese proyecto de vida, es decir, capacitarse para auto conducir y perfeccionar la vida conforme a las exigencias del propio ser y de los tiempos que le toca vivir y así logre trascender como ser digno. La educación no sólo debe ser aprender para aprender, sino aprender para ser. El objetivo de toda educación es la de humanizar y personalizar al hombre, orientándolo hacia su fin último que trasciende la finitud esencial del hombre (DP 1024).

Personalizante, centrada en promover y madurar las notas constitutivas de la persona, dando sentido a su vida que es el encuentro plenificante con Dios.

Educar es Humanizar, educar en ese sentido es divinizar pues la humanización del hombre es como un Signo y la Epifania de su divinización (Sínodo 1974).

 

E) EDUCACIÓN, TRABAJO Y PRODUCCIÓN

Educación, trabajo y producción

“Existe otra forma de propiedad, concretamente en nuestro tiempo, que tiene una importancia no inferior a la de la tierra: es la propiedad del conocimiento, de la técnica y del saber. En este tipo de propiedad, mucho más que la de la técnica y del saber.

Trabajo: Una de las exigencias de su situación encarnada demanda al hombre asumir otra realidad profunda de la existencia: El trabajo no es una lamentable condena, es una fuente de crecimiento interno y de apertura a nuevos horizontes y elemento de redención.

Por esto la educación debe promover las actitudes básicas que le permitan al hombre asumir el trabajo como factor constructivo de su personalidad y del mejoramiento de la sociedad. En el trabajo el hombre se vincula al sentido de la vida, se une a los hombres, procura el incremento del Bien Común y construye comunidad.

 

F) EDUCACIÓN EN EL TRABAJO

Revalorizar el estudio como trabajo, constituirá nuestro principio de aprendizaje. Una persona aprende cuando tiene ganas de aprender y cuando tiene la necesidad de elaborar un proyecto personal de vida, porque mediante el trabajo el hombre no solo transforma a la naturaleza sino que se realiza a sí mismo, es más, “se hace más hombre”. (L.E.).

El trabajo es el lugar, el espacio, el contexto donde ha de desenvolverse la práctica educativa. La implicancia que se deriva de esta afirmación es clara: aprender se aprende haciendo, observando, probando, manipulando, construyendo, recreando.

Para los mercados, el principal esfuerzo de inversión debe hacerse en la gente. Es decir, para ser competitivos hay que invertir en inteligencia, puesto que la clave de la competitividad, ya no reside fundamentalmente en el capital sino, sobre todo, en las personas.

En este proyecto educativo no se lo toma al hombre como un mero “recurso humano”, sino que propone una formación integral que le permite desenvolverse en los ámbitos político, económico, cultural y científico tecnológico.

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