Nivel Secundario

Nivel Secundario

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El nivel secundario comienza funcionando en la Casa Parroquial,  siendo párroco el Pbro. Manuel Ruiz, con un solo turno por la mañana, el Perito Mercantil y 3 años después se agrega el turno tarde con la titulación de Bachilleres.

En los siguientes diez años el Colegio se consolida bajo la conducción de los presbíteros José García y José Ignacio Herrera y la ayuda incondicional de las familias de la comunidad y de los integrantes de la Institución.

Posteriormente asume como Rep. Legal el Pbro. Carlos Joaquín Arredondo y el colegio avanza como pionero en el área informática, creándose la Sala de Computación.

Cuando en 1981 se unifican los niveles primario y secundario bajo el común nombre de Colegio Parroquial El Salvador, incorporan ambos niveles la computación en sus planes de estudios, siendo el primer colegio del noroeste en poseer el título de Perito Mercantil con Orientación en Computación.

En 1985 se incorpora informática en el Bachiller y en 1992 es aprobado el Bachillerato con Orientación docente y el Bachillerato en Informática con régimen de cátedras compartidas. Pedagógicamente se organizan los Departamentos de Materias Afines, encargados de velar por el nivel académico de la institución. En 1989 e aplica como experiencia única en Yerba Buena el sistema tutorial, responsable del seguimiento y apoyo formativo y pedagógico de los alumnos y se ponen en marcha los Asesoramientos Externos en Computación.

En 1993 es nombrado Rep. Legal el Pbro. Hugo Luna, con quien el colegio ingresa al siglo XXI poniendo en práctica la transformación educativa propuesta por la Ley Federal de Educación implementando los ciclos EGB 3 Y Polimodal en las modalidades de ECONOMIA Y GESTION DE LAS ORGANIZACIONES Y HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES, cuya primera promoción egreso en el año 2005 .

Se amplía el laboratorio de Ciencias Naturales, se incorporan nuevos deportes, se reinician las Fiestas de la Educación Física, se intensifican los Campamentos y Convivencias, a cargo de Tutoría y Pastoral y se implementa el viaje de Estudios del 9º año.

La Institución cuenta con una Psicóloga educativa,  quienes se encargan de diagnosticar y apoyar a los alumnos con problemas de aprendizaje.

La institución posee un Acuerdo Escolar de Convivencia basado en el sistema preventivo de Don Bosco y en la normativa nacional vigente, que regula las relaciones, funciones, responsabilidades y actitudes de los distintos estamentos del colegio y una agenda institucional.

El Colegio posee un Acta de compromiso de Cooperación Mútua para la evaluación y promoción de los alumnos que es firmada por los padres.

El Equipo de Tutores, desde el año 2003, agrega a sus funciones tradicionales, una serie de charlas sistemáticas sobre Educación Sexual Integral, basadas en material científico formativo siguiendo los lineamientos del Episcopado Argentino y otros documentos de la Iglesia. Al dictarse la ley 26.150 dicho proyecto se actualiza.

La Sala de Computación de nivel secundario no solo funciona como aula de aprendizaje para los alumnos sino también tiene una importante proyección comunitaria ya que se realizaban cursos de capacitación para padres y profesores y trabajos de impresión para instituciones del medio.

El Colegio cuenta con un campo deportivo denominado Juan Pablo II, donado por la provincia gracias a la intervención de la Unión de Padres que posee una proyección comunitaria.

Los alumnos tienen un importante canal de participación a través del Club Colegial, encargado de las jornadas recreativas, Semanas del Colegio y demás iniciativas del alumnado, contando con el asesoramiento de un docente ad-honorem.

El Colegio también cuenta con un kiosco y una librería con fotocopiadora, como un servicio complementario para su tarea de aprendizaje.

En el año 2008 es nombrado Párroco el Padre Jorge Blunda y como Representante Legal el Prof. Daniel Nacusse, realizándose numerosas mejoras en lo edilicio y pedagógico.

Ideario

  1. A) Persona y Educación

Debemos comenzar afirmando que: “todos los hombres, de cualquier raza, condición y edad, por poseer la dignidad de persona, tiene el derecho inalienable a una educación que responda al propio fin, el propio carácter, al diferente sexo, y acomodada a  la cultura ya las tradiciones patrias” (GE.1)

El cristiano, por el hecho de su opción religiosa (familia – personal) – reúne el derecho de ser ayudado a iniciarse y madurar su vida cristiana. Al Estado corresponde el deber de respetar, no entorpecer y facilitar el ejercicio de este derecho, porque éste constituye uno de los derechos fundamentales de las personas y de la familia.

La educación ha de partir de una visión del hombre, que es PERSONA HUMANA, desde el momento mismo de la concepción, como unidad bio-psico-social y espiritual, abierta a la trascendencia en las diversas dimensiones: cultural, social e histórica y también religiosa, según sus propias opciones.

  • Ser único, singular e irrepetible, dotado de una igualdad esencial, de naturaleza y dignidad inviolables, con validez universal;
  • Sujeto a derechos y deberes que nadie debe violar;
  • Capaz de buscar y conocer la verdad y el bien y de ser libres; esto es, autodeterminarse para la consecución de estos valores;
  • Llamado a la comunicación y a la participación con los demás hombres, para la construcción de una sociedad más humanizada;
  • Capaz de realizar todas sus potencialidades individuales y sociales, en el marco del amor, buscando la paz, el bien común y la justicia, a través del desarrollo, el progreso personal, y de la comunidad local, nacional, latinoamericana y mundial.

La educación se centra en la promoción de las notas constitutivas de la persona, que en interacción con los otros, ha de alcanzar más plenamente la madurez, tomando conciencia del sentido de la vida, de su fin último que es el encuentro definitivo con la Verdad, la Belleza, y el Bien Supremo, que es Dios y al que lo ha de conducir la asunción responsable de su misión en el mundo con su irrepetible identidad.

Esto significa que el ser humano ha de constituirse como persona, es decir, como presencia consciente y creadora, que se va orientando y ubicando frente a los otros, las cosas, la historia.

Como persona, además, aparece no como un ser terminado, sino como un proyecto que se origina en Dios y hacia El se orienta; abierto como ha de estar a la solidaridad.

Con posibilidad de juicios y discernimiento, es capaz de interrogarse y dar respuestas; optar y adherir a los valores, internalizando y creando cultura y haciéndose protagonista y responsable de la historia.

El aprendizaje, en consecuencia, ha de ser encarado como un proceso de búsqueda e investigación, es decir pedagogía centrada en la comunicación a través del diálogo; tarea educativa que exige convergencia de actitudes en la búsqueda, la participación y el compromiso en un proyecto de vida, ayudando a transformar la realidad interna y externa, y realizando la síntesis fe y cultura.

En la educación debe existir coherencia entre fines, objetivo y metodología para que los contenidos sean solamente medios para lograrlos; eficacia metodológica que depende de su adecuada selección, de la capacidad del grupo y de la conducción docente.

Los métodos y técnicas serán sometidos a una sana reflexión crítica por parte de los naturales responsables de la educación y adecuados convenientemente al grupo. La interdisciplinariedad y, más aún, la integración de todo el saber, ha de evitar la atomización y dispersión del sentido, que provoca la presentación de conocimientos aislados y desconectados.

Se deben inculcar nuevamente a los alumnos, los valores perdidos. No se los debe imponer, sino despertar la autodisciplina, el respeto, la responsabilidad, el sentido del deber, el sentido y respeto a la autoridad, para lo cual debe existir diálogo entre educador y educando; pero el educador debe poner límites, dejando bien establecidos los roles.

Por ello la relación que se establece entre educador y educando es la de un verdadero acompañamiento y orientación espiritual, afectiva y moral, o sea, para la apropiación de fines, valores y principios de una concepción de vida, con los que el intelecto y el sentir de la persona se van formando.

La concepción cristiana reconoce al hombre la excelsa dignidad de ser imagen y semejanza de Dios, en su singular capacidad de conocimiento, de amor, de libertad. De esta manera, al descubrirse el hombre a sí mismo como ser moral, sujeto de su propia acción y devenir, dueño de sus actos y artífice de su destino, experimenta el imperativo de decidir libremente el proyecto de vida a través del cual se realizará en conformidad con la misión existencial de su propio ser, adoptando frente a sí mismo coherentes actitudes de autogobierno ; frente a las cosas, actitudes a la vez de dominio, cultivo y respeto; y frente a Dios, actitudes de piedad y amor, mientras adhiere a los grandes valores que hacen a la comunidad humana y a la patria, y a toda realidad que implique solidaridad.

Cristo como modelo orienta a pensar y actuar según el Evangelio. Para la educación católica, en consecuencia, los principios evangélicos son a la vez” normas educativas, motivaciones interiores y metas finales”. Cristo mueve a anteponer en la actuación el espíritu, la vida, el contenido… al inmovilismo, lo estereotipado, lo meramente formal.

 

  1. B) Familia y Educación

La familia es la primera educadora de los hijos, por ser ella la gestora de la vida, la célula básica de la sociedad y la estructura que natural y necesariamente responde a las exigencias de un adecuado ámbito para el proceso de maduración y desarrollo de la persona. “Toda tarea educadora debe capacitarla a fin de permitirle ejercer esa misión”.

Por lo tanto, los padres deben gozar de real libertad en la elección de la escuela; de determinar la educación religiosa que se ha de dar a sus hijos de acuerdo con su propia convicción religiosa. El Estado debe ofrecer a la familia, a todas las familias, los medios necesarios para que ellas puedan realizar su misión educadora.

  1. C) Iglesia y Educación

La presencia de la Iglesia en el ámbito de la educación se hace realidad de una manera específica en la Escuela Católica. Esta, a la vez que realiza los fines culturales y la formación humana de la juventud, se esfuerza por crear un ambiente de comunidad empapado del espíritu evangélico y en ordenar toda la cultura humana hacia ese definitivo modelo de humanización (Trascendente y Cristocéntrico). Porque la Iglesia debe evangelizar la cultura de cada pueblo, puesto que éste es la última matriz del proceso de educación de los hombres.

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