Organigrama

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Ideario

  1. A) Persona y Educación

Debemos comenzar afirmando que: “todos los hombres, de cualquier raza, condición y edad, por poseer la dignidad de persona, tiene el derecho inalienable a una educación que responda al propio fin, el propio carácter, al diferente sexo, y acomodada a  la cultura ya las tradiciones patrias” (GE.1)

El cristiano, por el hecho de su opción religiosa (familia – personal) – reúne el derecho de ser ayudado a iniciarse y madurar su vida cristiana. Al Estado corresponde el deber de respetar, no entorpecer y facilitar el ejercicio de este derecho, porque éste constituye uno de los derechos fundamentales de las personas y de la familia.

La educación ha de partir de una visión del hombre, que es PERSONA HUMANA, desde el momento mismo de la concepción, como unidad bio- psico-social y espiritual, abierta a la trascendencia en las diversas dimensiones: cultural, social e histórica y también religiosa, según sus propias opciones.

  • Ser único, singular e irrepetible, dotado de una igualdad esencial, de naturaleza y dignidad inviolables, con validez universal;
  • Sujeto a derechos y deberes que nadie debe violar;
  • Capaz de buscar y conocer la verdad y el bien y de ser libres; esto es, autodeterminarse para la consecución de estos valores;
  • Llamado a la comunicación y a la participación con los demás hombres, para la construcción de una sociedad más humanizada;
  • Capaz de realizar todas sus potencialidades individuales y sociales, en el marco del amor, buscando la paz, el bien común y la justicia, a través del desarrollo, el progreso personal, y de la comunidad local, nacional, latinoamericana y mundial.

La educación se centra en la promoción de las notas constitutivas de la persona, que en interacción con los otros, ha de alcanzar más plenamente la madurez, tomando conciencia del sentido de la vida, de su fin último que es el encuentro definitivo con la Verdad, la Belleza, y el Bien Supremo, que es Dios y al que lo ha de conducir la asunción responsable de su misión en el mundo con su irrepetible identidad.

Esto significa que el ser humano ha de constituirse como persona, es decir, como presencia consciente y creadora, que se va orientando y ubicando frente a los otros, las cosas, la historia.

Como persona, además, aparece no como un ser terminado, sino como un proyecto que se origina en Dios y hacia El se orienta; abierto como ha de estar a la solidaridad.

Con posibilidad de juicios y discernimiento, es capaz de interrogarse y dar respuestas; optar y adherir a los valores, internalizando y creando cultura y haciéndose protagonista y responsable de la historia.

El aprendizaje, en consecuencia, ha de ser encarado como un proceso de búsqueda e investigación, es decir pedagogía centrada en la comunicación a través del diálogo; tarea educativa que exige convergencia de actitudes en la búsqueda, la participación y el compromiso en un proyecto de vida, ayudando a transformar la realidad interna y externa, y realizando la síntesis fe y cultura.

En la educación debe existir coherencia entre fines, objetivo y metodología para que los contenidos sean solamente medios para lograrlos; eficacia metodológica que depende de su adecuada selección, de la capacidad del grupo y de la conducción docente.

Los métodos y técnicas serán sometidos a una sana reflexión crítica por parte de los naturales responsables de la educación y adecuados convenientemente al grupo. La interdisciplinariedad y, más aún, la integración de todo el saber, ha de evitar la atomización y dispersión del sentido, que provoca la presentación de conocimientos aislados y desconectados.

Se deben inculcar nuevamente a los alumnos, los valores perdidos. No se los debe imponer, sino despertar la autodisciplina, el respeto, la responsabilidad, el sentido del deber, el sentido y respeto a la autoridad, para lo cual debe existir diálogo entre educador y educando; pero el educador debe poner límites, dejando bien establecidos los roles.

Por ello la relación que se establece entre educador y educando es la de un verdadero acompañamiento y orientación espiritual, afectiva y moral, o sea, para la apropiación de fines, valores y principios de una concepción de vida, con los que el intelecto y el sentir de la persona se van formando.

La concepción cristiana reconoce al hombre la excelsa dignidad de ser imagen y semejanza de Dios, en su singular capacidad de conocimiento, de amor, de libertad. De esta manera, al descubrirse el hombre a sí mismo como ser moral, sujeto de su propia acción y devenir, dueño de sus actos y artífice de su destino, experimenta el imperativo de decidir libremente el proyecto de vida a través del cual se realizará en conformidad con la misión existencial de su propio ser, adoptando frente a sí mismo coherentes actitudes de autogobierno ; frente a las cosas, actitudes a la vez de dominio, cultivo y respeto; y frente a Dios, actitudes de piedad y amor, mientras adhiere a los grandes valores que hacen a la comunidad humana y a la patria, y a toda realidad que implique solidaridad.

Cristo como modelo orienta a pensar y actuar según el Evangelio. Para la educación católica, en consecuencia, los principios evangélicos son a la vez” normas educativas, motivaciones interiores y metas finales”. Cristo mueve a anteponer en la actuación el espíritu, la vida, el contenido… al inmovilismo, lo estereotipado, lo meramente formal.

 

  1. B) Familia y Educación

La familia es la primera educadora de los hijos, por ser ella la gestora de la vida, la célula básica de la sociedad y la estructura que natural y necesariamente responde a las exigencias de un adecuado ámbito para el proceso de maduración y desarrollo de la persona. “Toda tarea educadora debe capacitarla a fin de permitirle ejercer esa misión”.

Por lo tanto, los padres deben gozar de real libertad en la elección de la escuela; de determinar la educación religiosa que se ha de dar a sus hijos de acuerdo con su propia convicción religiosa. El Estado debe ofrecer a la familia, a todas las familias, los medios necesarios para que ellas puedan realizar su misión educadora.

  1. C) Iglesia y Educación

La presencia de la Iglesia en el ámbito de la educación se hace realidad de una manera específica en la Escuela Católica. Esta, a la vez que realiza los fines culturales y la formación humana de la juventud, se esfuerza por crear un ambiente de comunidad empapado del espíritu evangélico y en ordenar toda la cultura humana hacia ese definitivo modelo de humanización (Trascendente y Cristocéntrico). Porque la Iglesia debe evangelizar la cultura de cada pueblo, puesto que éste es la última matriz del proceso de educación de los hombres.